domingo, 4 de diciembre de 2011

Rirkit Tiravanija: el arte sí da comer


He promised. Secession, Viena (2002)

Hace ya unos años en la Bienal de Arte de Oviedo vi una obra en la que sobre un fondo azul claro el artista había señalado la silueta de un plato y había escrito: “El arte no da de comer”, una afirmación con la que seguramente no estaría de acuerdo este tailandés nacido accidentalmente en Buenos Aires en 1961, ciudad en la que su padre ejercía como diplomático.

He promised. Secession, Viena (2002)
Y digo eso porque Tiravanija tiene una concepción del arte en el que la comida juega un papel fundamental, no en vano su obra presentación ante el gran público y ante la crítica, en 1992, fue una suerte de acción de guerrilla en la que vació una oficina en el Soho para convertirla en una completa cocina en la que empezó a cocinar curry tailandés y cualquiera que pasara por allí podía servirse y comer allí mismo o llevarse la comida a donde quisiera.

Desde entonces ha repetido acciones de ese tipo en varias ocasiones, incluso llegó a hacer una réplica de su apartamento neoyorquino en el interior de una galería, de tal forma que las personas pudieron quedarse viviendo en esa instalación durante el tiempo que duró la exposición a pensión completa. Allí la gente dormía, comía e incluso practicaba sexo.

La actitud de Tiravanija hacia el arte viene muy influenciada, como él mismo ha reconocido alguna vez, por la obra de Duchamp y de Malevich, artistas a los que conoció en el instituto cuando estaba pensando dar a su vida un rumbo profesional como fotoperiodista. En ese momento decidió que quería probar fortuna en el mundo del arte con una particular forma de fusionar vida y arte.

Palm Pavilion (2008)
Entiende el arte como una suerte de espacio en el que se produce una sociabilidad peculiar, diferente, por medio de unas instalaciones formadas por objetos modestos, en los que reproduce espacios que bien pueden ser su apartamento como una chabola o un típico retrete tailandés, generando una nueva dinámica de interacción y de visualización de una obra que, en cierto modo, trata de reconstruir fragmentos de realidad y establecer una dinámica entre la realidad vivida por el espectador y esa suerte de no representación de la misma.

Untitled. Passport nº3 (2006)
Es una realidad precaria la que nos presenta Tiravanija, una realidad en movimiento, dinámica, que no entiende de fronteras ni de las políticas ni de las mentales, ni suyas ni de un espectador que se puede ver inmerso en un experimento de tipo social cuando decide entrar de lleno en una de las instalaciones diseñadas por Tiravanija.

Untitled. Assile flotant (2010)
Planos de ciudades, pasaportes, elementos procedentes de lugares de interés arqueológico o arquitectónico, son símbolos que representan elementos de las experiencias históricas compartidas que de la mano de este artista ven sus funciones o significados subvertidos, algo a lo que ayuda con unos títulos que juegan al despiste, que cambian en función del lugar en el que se muestran. Todo eso crea una gran complejidad en el particular juego social que nos plantea Tiravanija.

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